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La huella de carbono como indicador ambiental

El compromiso que la sociedad ha adquirido con el medioambiente en los últimos años ha propiciado el desarrollo de distintos indicadores de sostenibilidad, tales como la huella ecológica o la huella de carbono.
La huella ecológica se expresa como el total de superficie biológicamente productiva que un individuo, una región, toda la humanidad o una determinada actividad requiere para producir los recursos que consume y absorber los desechos que genera. Para su cálculo se tienen en cuenta seis categorías productivas: superficie utilizada para el cultivo, espacios utilizados para el pastoreo de ganado, superficies forestales (naturales y repobladas) en explotación, zona de pesca (mar productivo), áreas ocupadas por infraestructuras (superficie artificializada) y superficie de bosque necesaria para absorber las emisiones de CO2 debidas al consumo de combustibles fósiles.
Según este indicador, desde principios de los años 70 la humanidad acumula un creciente déficit ecológico o, lo que es lo mismo, los recursos demandados (es decir, la huella ecológica) superan los recursos disponibles (es decir, la biocapacidad de nuestro planeta). Concretamente, los datos reportados por la Red Global de la Huella Ecológica (Global Footprint Network) señalan que la humanidad está consumiendo de media una cantidad de recursos naturales equivalente a aproximadamente 1,7 planetas Tierra. Estos mismos datos demuestran que la superficie de bosque necesaria para absorber las emisiones de CO2 representa actualmente el 60% de la huella ecológica global de la humanidad, siendo, además, el componente de mayor crecimiento. Por lo tanto, es fundamental reducir la huella de carbono para no exceder los límites ecológicos de nuestro planeta.
La huella de carbono mide la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto. De esta definición se distinguen, por lo tanto, dos acepciones del concepto: el de huella de carbono de organización y el de huella de carbono de producto.
La norma de referencia para el cálculo de la huella de carbono de una organización es la ISO 14064. Dicho cálculo precisa organizar las fuentes emisoras de GEI en alcances, de manera que:
-El alcance 1 hace referencia a las emisiones directas provenientes de fuentes de GEI que pertenecen o son controladas por la organización.
-El alcance 2 hace referencia a las emisiones indirectas de GEI asociadas a la generación de electricidad, calor o vapor de origen externo consumidos por la organización.
-El alcance 3 hace referencia a otras emisiones indirectas de GEI (distintas a las de alcance 2) generadas como consecuencia de las actividades de la organización, pero que ocurren en fuentes que son propiedad de o están controladas por otra organización.
Mediante el Real Decreto 163/2014, se constituyó el registro de la huella de carbono vinculado al actual Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). Este registro es de carácter voluntario y pretende fomentar el cálculo y reducción de la huella de carbono por parte de las organizaciones españolas, así como promover los proyectos que mejoren la capacidad sumidero de España, constituyéndose por tanto en una medida de lucha contra el cambio climático de carácter horizontal. Las organizaciones inscritas podrán obtener el sello correspondiente, el cual refleja su grado de esfuerzo y se traduce en tres pilares: calculo, reduzco y compenso. En esta misma línea, el Fondo de Carbono para una Economía Sostenible (FES-CO2), vinculado también al MITERD, promueve anualmente los Proyectos Clima, cuyo objetivo es incentivar la reducción de emisiones de GEI mediante la reorientación de la actividad económica hacia modelos bajos en carbono.
Finalmente, la huella de carbono de producto mide las emisiones de GEI que se generan en cada una de las fases del ciclo de vida de un producto, desde la obtención de las materias primas y energía hasta la gestión de los residuos generados. En este sentido, el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) constituye la base técnica para el cálculo de la huella de carbono de producto de acuerdo con la norma ISO 14067. El ACV puede aplicarse a varias fases del producto, siendo la perspectiva Cradle to grave (de la cuna a la tumba) la que abarca todo el ciclo de vida, o solo algunas fases del ciclo de vida, como es el caso de la perspectiva gate to gate (que abarca únicamente el proceso productivo) o la perspectiva cradle to gate (que abarca desde la obtención de materias primas hasta la finalización del proceso productivo). En cualquier caso, la huella de carbono de producto constituye un excelente indicador de las emisiones y remociones de GEI producidas a lo largo del ciclo de vida de un producto, por lo que su cálculo permite a las empresas establecer políticas de reducción de emisiones más efectivas, y, a la vez, identificar oportunidades de ahorro de costes.
Maria Ruiz Hernando es Doctora en Ingeniería Química y licenciada en Ciencias Ambientales. Actualmente, es Project Manager de Euro-Funding, donde lleva a cabo servicios técnicos enfocados en el ámbito de la sostenibilidad, tales como el análisis de riesgos medioambientales, la asistencia en el comercio de derechos de emisión o el cálculo de la huella de carbono. También es profesora asociada de la Universidad de Barcelona.