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Diario YA


 

¿Qué conducta es la más sórdida?

Eduardo García Serrano. 29 de marzo.

Editorial leído en el programa “Sencillamente radio” de Radio Intercontinental
 
En el ancestral Egipto de los faraones, a los sagrados cocodrilos del Nilo, se les ofrecía los niños de las adúlteras en estado fetal o recién nacidos para obtener el perdón de Isis. En Esparta, a los niños nacidos con evidentes minusvalías físicas, se les abandonaba a su suerte y a la intemperie a las faldas del Monte Taigeto. En Roma, el recién nacido que no era reconocido por el paterfamilias, era abandonado al pie de la Columna Lactaria. La única esperanza de todas esas criaturas era la piedad, la improbable piedad de un cocodrilo o la inexistente piedad de la Naturaleza salvaje, cuya matemática crueldad con el más débil de la camada, de la familia y de la tribu, está en su propia esencia.
 
¿Qué conducta es la más sórdida? ¿La barbarie que sacrifica una sola vida inocente a un temor innominado y a una deidad pagana, o el espíritu ilustrado que permite, ampara y fomenta el sacrificio de millones de vidas inocentes en nombre de la libertad y del progreso?
 
Socialistas, comunistas y feministas dan a la libertad una interpretación monstruosa con las leyes del aborto y de la eugenesia, mientras que sus mochileros del PP, como siempre, juegan al ajedrez con la verdad y se esconden en el cobarde mantenimiento de la actual ley, tal y cómo está, sin atreverse a alzar la voz ni a legislar –pudieron hacerlo y no quisieron- para salvar al inocente que es arrojado a las charcas de cocodrilos del doctor Morín y de la ex diputada comunista Marisa Castro, propietaria de una de las checas de nascituri más abominable de Madrid. Y con eso el PP se conforma, con que el niño sea sacrificado dentro de los márgenes y plazos, eso sí, que marca la vigente ley del aborto, que data de 1985. Dentro de veinte años, el PP, también se conformará con lo que hoy quieren hacer comunistas, socialistas y feministas con sus leyes sobre la eugenesia y el aborto libre en nombre de la libertad, del progreso y del relativismo, olvidando que, para el relativismo, la verdad es una ramera con muchos clientes que ofrece razones válidas para realizar cualquier acto sin importar cuán espantoso sea. Es ese relativismo el que a Mariano Rajoy le hace declarar que la actual ley del aborto le parece suficientemente equilibrada. Es ese mismo relativismo el que a Mayor Oreja le hace mostrar su honda preocupación por la cantidad de abortos “ilegales” que se practican en España. Luego… en términos absolutos, los niños que son arrojados a las charcas de cocodrilos del doctor Morín y de Marisa Castro en los plazos que marca la ley, no le preocupan ni siquiera relativamente. Todos ellos son los responsables de los millones de inoxia corpora, de cuerpos inocentes que son sacrificados en los ilustrados altares de la libertad y el progreso, mientras millones de mujeres recorren, hilando sus mortajas de olvido, el sendero tenebroso que nos conduce a todos a las orillas del Nilo faraónico y a las faldas del Monte Taigeto. Ya ni siquiera la ciencia, a la que tanto apelaban los progresistas racionalistas, les avala. Pues al desentrañar el genoma humano, la ciencia, ha demostrado que en la semilla del hombre late el prodigio de la vida. La ciencia ha demostrado algo que los que tenemos fe ya sabíamos: Que la semilla del hombre es lo más grande en lo más pequeño, pues lleva marcada de forma indeleble lo que somos y seremos. 

 

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