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Editorial: "Obama y ZP, al basket"

No se rían, por favor: Obama y Zapatero, en su primer encuentro personal, han comentado su común afición por salir a correr y jugar al baloncesto, y han quedado en practicar juntos ambos deportes cuando haya ocasión. Impagable la estampa del afroamericano poniendo un "tapón" a ZP o sacándole ocho metros de cada diez haciendo un maratón por la Casa de Campo. Sería para abrir telediarios, sin duda alguna.

Pero de nuevo, y disculpen nuestros lectores la reiteración en el argumento, nótese la frivolidad, la carencia absoluta de sentido del bien común, la bajura de miras, la simpleza (en el sentido más peyorativo de la palabra), que muestran aquí nuestros amigos. Todo su afán (el de Zapatero, queremos decir) era verse con Obama, pero lo de menos era el tema de conversación. Sí, claro, naturalmente también han hablado de la crisis, estaría bueno que no lo hicieran. Y se habrán intercambiado un par de recetas cada uno contra la recesión, lo normal. Pero lo importante, lo único y verdaderamente importante, era la foto con Obama.

Realmente, lo único indiscutiblemente bueno que ha tenido la primera sesión de la cumbre del G-20 ha sido la cena, encargada a un verdadero genio de los fogones como es el inglés Jamie Oliver, un chico de treinta y pocos años que ha revolucionado la cocina universal con su estilo directo y sin pantomimas de la nouvelle cuisine. Ojala los políticos se contagiasen un poco del estilo de Oliver; ojala los discursos, los argumentos, las decisiones y las estrategias de los dirigentes mundiales fueran tan contundentes y precisos como es la técnica del joven chef.

Pero no. De nuevo, vemos mucho papel de celofán. Un envoltorio idílico de sonrisas, abrazos, apretones de manos y flashes a tutiplén, en un lugar de ensueño, con trajes no precisamente de Milano y un ambiente "fashion", a medio camino entre lo pijo y lo tontolhaba. Todos encantados de haberse conocido, como diría Isabel Pantoja, "dientes, dientes", que nos vean sonreír, que con un poco de suerte a estos incautos (o sea, todos nosotros) se les olvida que la crisis la están pagando ellos, y les convencemos de que esta cumbre va a arreglarlo todo. Sí, sí. Tararí.

A la vuelta de Londres, ellos se habrán zampado el salmón de Shetland (que debe ser gloria bendita, por cierto) y habrán engordado el perímetro abdominal y el ego a partes iguales, pero la gente normal seguirá con los mismos problemas que tiene hoy, los mismos. Porque la crisis no se arregla con cenitas de gala, ni con sonrisas, y mucho menos compartiendo charletas bilaterales (intérprete incluido) para hablar de baloncesto. ¿Hasta cuándo esta farsa retransmitida casi en directo en todo el mundo? Por suerte, no engañan a todos los que quisieran.

Jueves, 2 de abril de 2009.

Etiquetas:editorial