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Editorial: "Colmenarejo"

Nos alegramos especialmente del premio que acaba de recibir nuestro compañero Juan Pablo Colmenarejo. En primer lugar, porque es un gran periodista, de los mejores que ha dado España en los últimos decenios. En segundo lugar, porque es cristiano sin estridencias, de los que lo demuestran más que lo vocean. Y en tercer lugar, porque es de esas personas a las que ni la fama ni el éxito profesional han cambiado la forma de ser. Sigue siendo el mismo Colmenarejo, del Atleti, que siempre fue.

En España proliferan los periodistas mediocres, mentirosos y vendidos al mejor postor a medida que el oficio entra en una imparable decadencia, por muchas razones. La corrupción moral de la profesión es directamente proporcional al calamitoso estado en que se encuentra la mayoría de los informadores, por falta de estabilidad laboral, por falta de recursos en las empresas periodísticas y por falta de rigor en los planteamientos empresariales de quienes las dirigen. El panorama es triste y no parece que vaya a mejorar.

Pero Colmenarejo demuestra cada día que es posible luchar contra la mediocridad y la dictadura de lo políticamente correcto. Su decir sencillo y sin apenas adjetivos es un espejo en el que mirarnos todos, un verdadero ejemplo que conmueve por su naturalidad y medido equilibrio. Porque Ángel Herrera nos dejó dicho que la mejor forma de ser católicos en la prensa era buscar desesperada y afanosamente la verdad, sin ceder a las presiones, los chantajes y el compadreo. No es fácil cumplir, pero hay que hacerlo.

El periodista de Onda Cero, que presenta a diario “Las noticias, mediodía”, ofreció en el salón de actos de la Universidad San Pablo un discurso corto y jugoso, preñado de sentido común, de serena inteligencia, de esa lucidez sin adornos que sólo demuestran los mejores. Junto a los jóvenes de Crónica Blanca, los comunicadores de hoy y de mañana, que le escuchaban atentamente, casi sin respirar para no perderse ni un detalle de sus magistrales palabras. Un acto de periodistas para periodistas.

Y es que, como Juan Pablo II, el periodista cristiano debe ser alguien capaz de enfrentarse al poder cuando éste le acorrala y atenaza, debe ser humilde pero no dócil, firme pero no soberbio, lo bastante racional para pensar con su cerebro y lo bastante irracional para no creerse nunca en poder absoluto de la verdad. Así ha sido siempre, es y seguro que sigue siendo Juan Pablo Colmenarejo, todo un ejemplo a seguir.

Sábado, 4 de abril de 2009.
 

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