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Editorial: "Botellón de garrafón"

De pavorosa, aberrante, vergonzoso y dramática puede calificarse la iniciativa promovida por uno de esos chiringuitos del absurdo que tanto abundan ahora en internet, el célebre "Tuenti", portales en los que miles de desconocidos pasan a convertirse en amigos del alma sólo por haberse intercambiado un correo electrónico. Una maravilla. En esta ocasión, los amigos se han unido gracias a un elemento indispensable para el buen rollo, la deshinibición y el cachondeo. Nos referimos, naturalmente, al alcohol.

La iniciativa, desarrollada ayer en Sevilla, consistía en hacer un macrobotellón en el que la gracia era que acudieran cuantas más personas mejor, para superar un récord anterior del bebercio. Y así, cerca de 15.000 individuos que hasta ese instante no se conocían de nada, pasaron a conocerse gracias a esta hermosa propuesta de emborracharse con garrafón durante horas y horas, tirados en la calle, destrozándose el cerebro, el hígado, la sangre y, de paso, el futuro personal. Un exitazo, vamos.

Porque es bueno distinguir entre cosas que son diferentes. Una cosa es la fiesta entre verdaderos amigos, convocada con el deseo de pasarlo bien, y en la cual puede consumirse algo de alcohol, y otra cosa es esto: una llamada anónima y masiva a practicar el "botellón", que es de las cosas más infames, cutres y lamentables a que puede dedicarse un ser humano, envenenándose por el simple hecho de transgredir lo correcto, de atropellar lo civilizado, de oponerse a la salud por sistema. Y no, esto no es una cuestión de libertad personal; es una cuestión de moral pública.

Sabemos que estamos solos en nuestra lucha radical contra el consumo de alcohol en la sociedad, y especialmente entre los jóvenes, pero nuestra soledad no sólo no nos asusta, sino que nos da la clave para saber que estamos en lo cierto. La permisividad hacia el consumo de alcohol es aberrante e ignominiosa, es una lacra para este país, una de las razones de que seamos una economía improductiva y nada competitiva. La juventud que hace medio siglo se entregaba a ideales como la defensa de la patria y la glorificación de Dios, hoy idolatra al whisky barato de garrafón en compañía de zombies que deambulan sin rumbo fijo en medio de la noche.

Lamentable y tristísima la iniciativa acogida por "Tuenti". Penoso el comportamiento de los miles de descerebrados que secundaron la cosa. Vergonzosa la actitud de las autoridades sevillanas, permitiendo de manera cobarde e irresponsable que una atrocidad como esa se llevase a cabo. ¿Así queremos salir de la crisis?, ¿éstos, los del botellón del garrafón, van a ser los que nos paguen las pensiones dentro de cinco lustros? Lo llevamos todos claro.

Sábado, 28 de marzo de 2009.

Etiquetas:editorial