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Diario YA

NANAS AGITADORAS: la táctica es la misma: el viejo lema de acción-represión-victimismo-acción

Manuel Parra Celaya.
    ¡Vaya oxímoron el que precede a estas líneas! Porque las nanas, los dulces cantos de las madres se entonan para sosegar, adormecer, a los pequeños, no para agitarlos y desvelarlos. No obstante, en los hechos a los que me refiero, los cantos -llamémosles estrategias- parecen tener una intención inquietante, y se musitan al compás de movimientos acaso no perceptibles de las cunas.
    ¿Hay manos que mecen las cunas? He acudido al plural pues me cuesta creer que los estadillos de violencia y agitación como a los que asistimos en nuestro mundo obedezcan a un impulso único, a las órdenes de un extraño poder que marca cuándo deben arder las calles de Hong Kong, de París, de Barcelona, de Quito o de La Paz.
    Cada uno de estos conflictos obedece a causas dispares, y su lejanía geográfica y temática entre ellos parece descartar esa influencia, casi maléfica, que mueve multitudes por motivaciones tan variadas: la afirmación de libertad y democracia en Pekín, en un caso; la protesta multicéfala y pluriforme de los chalecos amarillos franceses como protesta social, en otro; el odio separatista en Cataluña; el desenmascaramiento del indigenismo de Evo Morales, en Bolivia…
    Observemos, no obstante, que la táctica es la misma: el viejo lema de acción-represión-victimismo-acción; la cadena no se interrumpe en tanto duran las asonadas…, pero, misteriosamente, suelen entrar en una situación de armisticio en el momento en que se producen movimientos políticos en las cumbres, de los cuales suelen estar al margen -y desconocedores, en muchos casos- las irritadas masas en las calles. El caso de Cataluña es ben sintomático: parece que el tsunami democrático se ha calmado al compás del anuncio del gobierno Sánchez-Iglesias y de las conversaciones, más o menos veladas en su contenido, con ERC y PdCAt, bajo la mirada mefistofélica del PNV.
    Algunos dicen que existe un plan para instaurar un Nuevo Orden Nuevo, con unas notas sobresalientes: la propagación de una religión universal sincrética, cuyos fundamentos ya se encuentran en la poderosa New Age; el establecimiento de un gobierno mundial de notables, que, conservando las formas democráticas, haría mangas y capirotes de estas; un hipercapitalismo en lo económico, cuya avanzada es la globalización… Para ello, sobran, por supuesto, las religiones establecidas, sobre todo las que tienen categoría de católicas (es decir, universales); las naciones constituidas en Estados, por lo que se debe borra cualesquiera formas de identificación colectiva histórica, cultural y tradicional; incluso las incipientes comunidades supranacionales, como Europa, que pueden entorpecer los propósitos de ese nuevo orden.
    Hay datos que parecen confirmarlo: la anulación de cualquier visión trascendente del ser humano, reducida a un inmanentismo con elementos gnósticos y métodos de autoayuda; la evidencia de la falsedad de las vías participativas de los pueblos en su destino; el arrinconamiento de los apegos nacionales a través del impulso de los separatismos nacionalistas que rompan los esquemas políticos y jurídicos que nos ha legado la historia y el Derecho; la exacerbación de los instintos de dominio y de consumo y el rechazo de cualquier tipo de solidaridad concreta, enmascarada por buenismos de nulo alcance; la afluencia de mano de obra barata y poco exigente…
    Digamos, en primer lugar, que se está comprobando con creces que la vieja tesis de Fukuyama de que habríamos alcanzado un techo universal de convivencia basado en criterios ilustrados de democracia liberal hace agua por todos los sitios; ¿estamos, en consecuencia, en una época prerrevolucionaria, por el contrario? No me atrevo a afirmarlo, por muchas multitudes que protesten en las calles, porque todas las revoluciones han tenido a su frente minorías pensantes, y las actuales parecen decantarse, incipientemente,  por discursos distintos a las viejas formas del consenso establecido y en oposición al nuevo orden; claro que estas minorías están sustituidas por oligarquías bien instaladas…
    Estas oligarquías son las manos que mueven todas las cunas, pero no como causa primera o deus ex machina, sino como causas segundas o indirectas. Afirmar lo contrario sería recaer en un reduccionismo casi infantil; hay muchos cabos sueltos, aunque no dudo que aspiren a quedar bien atados en la sombra. De momento, dejan en los aires esas nanas de adormecimiento y agitación.
    Soy bastante escéptico en cuanto a las teorías radicalmente conspiracionistas, y para ello me baso en mi confianza en el ser humano, dotado de libertad y, en ocasiones, de entendimiento, y, sobre todo, en la idea clave de que Dios sigue siendo el Señor de la historia.
 

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