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la Constitución española no contempla la fórmula federalista

Federalismo ¿El único comodín de Pedro Sánchez?

Miguel Massanet Bosch. Los políticos son verdaderos expertos en crear confusión en las masas. Partiendo de la base de que, una parte sustancial de la ciudadanía, prefiere no pensar ni complicarse la vida demasiado y es propicia a dejar que sean otros los que les den las ideas masticadas, mientras ellos se dedican a sus propios asuntos; es evidente que en España la profesión de político, en muchas ocasiones, se puede confundir con la de engañabobos, embaucadores, petardistas o engañanecios. Claro que, en determinados momentos de la vida de un país, sus habitantes suelen ser más propicios a comulgar con ruedas de molino, cuando aquellos, en los que confiaron el cuidado de sus intereses, no son capaces de cumplir con su obligación, cometen errores garrafales y no son competentes para dar una explicación plausible sobre el nefasto resultado de su gestión pública. En España, hoy en día, nos encontramos ante uno de los casos paradigmáticos en los que, el mal hacer de los dos partidos, hasta ahora mayoritarios, ha generado tal grado de insatisfacción, desconcierto,  desconfianza y desagrado en la ciudadanía, que parece que están dispuestos a cambiar el sentido de su voto, si es que no optan por dejar de votar.

Sabedores de que el estado de ánimo de los españoles, su desprecio por quienes les han venido representando y, hundida la confianza en ellos debido a la plaga de corrupción que parece que ha afectado, de forma intensiva, a los cargos públicos de la nación; se ha producido lo que se podría denominar como el nacimiento de una “picaresca política” dispuesta a beneficiarse del desprestigio de los partidos que, tradicionalmente, desde la llegada de la democracia, se han disputado, en alternancia, el poder; han decidido sacar provecho de la situación y, valiéndose uno de su virginidad en la política y el otro de un truco que, el dirigente del PSOE, el señor Pedro Sánchez, ha pensado que le puede permitir salir del ostracismo en el que su partido estaba sumido, desde su gran fracaso electoral del 20N del 2.011; están intentando conseguir hacerse con España.

El primero de estos partidos intrusos es el dirigido, de forma estaliniana, por el señor Pablo Iglesias, con la muy estimable ayuda y colaboración de la cadena Cuatro y de su presentador Jesús A. Cintora, que ha sido quien lo ha lanzado a la fama, concediéndole un tiempo en la pantalla y un protagonismo mediático (naturalmente de extrema izquierda); que nunca hubiera conseguido sin su apoyo. Podemos ha sido un fenómeno sociológico que suponemos que, los expertos en sociología, estudiarán en el futuro en los libros de texto, como el más fulminante, mediático y exitoso medio de hacerse con el mayor número de adeptos en el menor tiempo. Lo que, hace apenas unos meses, empezó a despuntar tímidamente en el horizonte político hoy, si tenemos que hacer caso a la encuestas, ha conseguido situarse, por el momento, en el primer lugar, por encima de los partidos tradicionales, en intención de voto de los españoles. Alguna culpa tendrán los crasos errores del PP y el PSOE en sus actuaciones. Incluso el partido de Cayo Lara, IU, ha sufrido el efecto de la atracción y  fagocitación, por parte de Podemos, en sus propias filas de adeptos; que han sufrido, en beneficio de éste, un importante bajón en su número de afiliados.

Pero, en esta ocasión, vamos a referirnos al caso del nuevo secretario general del PSOE, el señor Pedro Sánchez. Hay que reconocer que el partido que recibió de manos de Pérez Rubalcaba estaba hecho unos zorros, con importantes divisiones internas, con los antiguos barones en pie de guerra y con el problema de los ERE’s andaluces en plena erupción. Fuera como fuere, el señor Sánchez se encontró sin espacio político ya que IU se había hecho con una gran parte de sus disidentes y el PP, por otro lado, se había apoderado de la parte menos izquierdista y más de centro de la formación socialista.

En realidad, para el nuevo Secretario General del PSOE, lo que le ha ayudado a adquirir una cierta notoriedad ( sus propuestas económicas, de aumento del gasto público, de incrementar los créditos y de bajar la Deuda Pública; muy similares a las de Podemos, forman parte del imaginario comunista, sin base real alguna en la que sustentarse ni la más remota posibilidad de ser aceptadas por la UE, los EE.UU o cualquiera otra nación del mundo globalizado) ha sido, no una idea novedosa que él haya aportado, sino una de las ocurrencias del anterior presidente del PSC, el señor Pere Navarro, al que se le ocurrió una tercera vía, cuando propuso, para evitar decantarse por el separatismo catalán o el unionismo del Estado, un sistema intermedio que consistía en un proyecto de una España federal, con el que pretendía contentar a unos y otros. No fue así, pero al señor Sánchez le ha servido de banderín de enganche para atacar al PP, al que califica de “inmovilista” y al señor Mas, al que acusa de ir en contra de la Constitución con su proyecto separatista.

En realidad la Constitución española no contempla la fórmula federalista y para implantarla se debería modificar. Lo que ocurre es que, el sistema que tenemos en España, de descentralización autonómica poco se diferencia del sistema federal a, menos el que ha sido utilizado por los EE.UU de América, Alemania, Suiza, Bélgica, Argentina etc. conocido como Federalismo clásico. En realidad este tipo de federalismo tiene lugar cuando se produce la unión de varias entidades políticas que se asocian por intereses comunes. En este caso, cada entidad delega ciertas actividades al gobierno central (de la periferia al centro) de modo que la soberanía de cada una de ellas se mantiene. De hecho, nuestro sistema autonómico ha seguido un camino inverso donde desde el Estado central se han ido delegando funciones que han sido cedidas a los distintos territorios que forman el Estado, manteniéndose una serie de funciones básicas que afectan a todos los españoles, que quedan en poder del Estado y que garantizan, entre otras cosas, la unidad de la nación.

Es por ello que, el señor Rajoy, en la rueda de prensa de esta mañana, les ha pedido a los socialistas, como defensores de la modificación constitucional para implantar el federalismo que, antes, expliquen cuáles son las variaciones que quieren incluir en el sistema que alteren aquellas cesiones de poder de las que gozan en la actualidad las autonomías españolas que, en lo esencial, se caracterizan por ser mucho más amplias y generosas de las que gozan, por ejemplo, los länders alemanes o ya no hablemos del mismo sistema venezolano, aquel que tanto le gusta al señor Pablo Iglesias, de Podemos. Es posible que todo el entramado en el que se sostiene la actual política del señor Sánchez se desplomara, como un castillo de naipes, si nos dijera en qué consiste, en realidad, su proyecto de implantar un sistema federal en España y las ventajas, en cuanto a libertades y relación con el Estado central, que proporcionaría a los españoles y muy especialmente, qué encaje tendría para que beneficiara la solución del problema catalán. Partiendo de la base de que, los separatistas catalanes, ya se han manifestado, por activa y por pasiva, en el sentido de no estar de acuerdo en formar parte del supuesto estado federal español.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos intranquilos, como el PSOE se desmarca del Gobierno español cuando intenta defender la unidad del país, para situarse en la indefinición de un cambio absurdo y completamente ineficaz para  la solución del conflicto catalán. Incordiar, nada más, por supuesto.
 

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