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CAMBÓ Y HELENA, SU HIJA

Ignacio Buqueras y Bach. Helena Cambó i Mallol, Viuda de Guardans, a los 92 años, falleció en Barcelona el pasado 22 de enero. Fue madre de 14 hijos en contraposición de ser hija única. Mecenas, continuadora de la obra de su padre, Francesc Cambó, que nunca considero contrapuesta las ideas de Cataluña y España. En esa importante labor de mecenazgo conto con la especial colaboración de su marido Ramón Guardans 1919/2007-, reusense como yo.
En la primera quincena de 1985, después de haber presentado en varias ciudades mi Josep Pla, el “seny irónico” -Silex, 1987-, con un prólogo de Pedro Lain Entrago -1908/2001- director de la Real Academia Española, con singular éxito, tome la decisión de escribir una biografía de Cambó. Cambó fue una persona excepcional, con el talento y la energía indiscutible para conseguir la verdadera transformación de España, y todo ello desde su ser catalán. Nunca considero contrapuestas las ideas de Cataluña y España. Cuando al matrimonio de Helena Cambó y Ramón Guardans les informe de mi propositito de escribir un libro sobre Cambó, me brindaron desde el primer momento su colaboración.
En una fría mañana de enero de 1987 me reuní con Helena Cambó en el Hotel Palace de Madrid para hablar de su padre y de ella. Hacia algunos años que la conocía. A continuación traslado algunos comentarios que dedico en mi libro CAMBÓ, Almuzara, 2018, sobre la citada conversación
De su padre heredo muchas cosas, entre otras el interés por el arte, una atractiva personalidad, una gran capacidad comunicativa y una enorme seguridad en sí misma. Su deseo era respetar la voluntad de su padre.
Su infancia la vivió con normalidad, con clases matinales, una institutriz inglesa y su defectuoso conocimiento del castellano, ya que en su casa hablaba el catalán, en el colegio el francés y con la institutriz el inglés.
Su padre viajaba mucho y pasaba cortas temporadas con ella y su madre. Pero seguía con interés sus estudios y siempre que podían pasaban las vacaciones juntos.
Su padre era un enamorado de la mar. A bordo del Catalònia, le gustaba pescar y desayunar con el pescado frito recién capturado.
Era un hombre organizado, metódico, puntual y disciplinado. Empezaba sus tareas muy pronto, muchas veces en la cama con blocs y papeles, siempre escribía a lápiz, ya que en aquella época no existían los bolígrafos y las plumas estilográficas resultaban engorrosas de cargar y peligrosas para escribir en la cama.

Era cuidadoso y pulcro en el vestir, consideraba la gastronomía como parte integrante de la cultura, era un buen gourmet aunque no era de mucho comer, y las cocinas francesa y catalana eran sus favoritas.
Su hija recuerda que su día a día era gimnasia: baño y desayuno, después lectura de los diarios señalando lo que debía recortarse y archivarse. Posteriormente correspondencia, administración, estudio, dictado, visitas… Paseo de media hora, almuerzo invariablemente a la una, siesta y por la tarde continuaba su trabajo. Cenaba y se acostaba entre las diez y las diez y media.
Helena Cambó nos hace notar lo fundamental que era el trabajo en su vida, así como el orden y el horario que cumplía. Exigía puntualidad en las visitas. Disfrutaba con una conversación sobre temas políticos, artísticos y culturales, huía de los juegos de cartas y no iba al casino.
Su etapa en Argentina fue la de su más intensa vida familiar. La correspondencia padre hija era muy intensa. Le daba consejos y moralejas, y sus comentarios eran respetuosos con todos. Su padre se preocupaba de que entre las amistades de su hija hubiera juventud, por eso en las veladas acudían los hijos de sus amigos. Sentía preocupación por el futuro de su hija. Los consejos epistolares y coloquiales a su hija podrían llenar un libro, tal era su amor, respeto y dedicación a ella.
Su hija me comentó que en las Meditaciones su padre trataba temas de actualidad, que o bien le eran suscitados por sus vivencias o por sus lecturas. En relación a las Memorias, según su hija, fueron su principal ocupación los dos últimos años de su vida. Para ello tuvo que reconstituir sus archivos, en los que durante diez años había incorporado todo aquello que tenía interés para él, que era mucho, de una manera constante, ordenada y meticulosa.
Cambó reflejó en sus escritos que la naturaleza tenía una fuerte incidencia en sus estados de ánimo, y que las artes plásticas –la pintura verdaderamente le apasionaba-, le liberaban.
Leía mucho y su visita a los museos era motivo de profunda meditación. También le interesaba la arquitectura, la escultura y la arqueología, llegando a sufragar varias excavaciones el Oriente Medio. La segunda guerra mundial y la guerra civil española, le hicieron sufrir mucho y estaba preocupado por los daños y posibles desapariciones de algunas obras de arte.     
Su hija me subrayó que el deseo de su padre era de servir al país a través de la “Colección Cambó”. Nueve años de dedicación, esfuerzos y sacrificios, que se vieron frustrados por la guerra de 1936. Su mecenazgo en los diferentes campos de la cultura fue permanente.
Estuvo involucrado en muchas empresas culturales y tras su muerte su hija las impulsó con la colaboración de su marido Ramón Guardans, siguiendo una trayectoria ascendente.
Cambó conocía la literatura catalana, castellana, francesa, inglesa y rusa. Le gustaba que le leyeran y su hija fue su lectora durante muchas horas y muchos días. Tenía predilección por las personas cultivadas. Su hija nos dice una frase que él repetía a menudo: “Es preciso estudiar y pensar mucho, escribir y hablar poco”.
Según su hija sus generosidades privadas cumplían los siguientes requisitos: necesidad auténtica, ayuda eficaz, mínimo conocimiento ajeno y ausencia de toda obligación por parte del beneficiario.
Cuando su padre en 1946 tomó la determinación de volver a su país dos o tres meses y regresar de nuevo a la Argentina, Helena tenía 17 años y nunca había estado en España.
Su hija recordaba su entusiasmo e ilusión preparando el viaje, para poder enseñarle museos y paisajes que ella no había visitado aún, también estaba preocupado por los chicos que conocería y las amistades que haría.
Cambó adquirió pasajes de avión para el 13 de abril de 1947. Pero dicho viaje nunca se realizó, ya que el estado de Cambó se complicó con fiebre, molestias abdominales, hemorragias,… El día 28 de abril los médicos, después de muchas dudas decidieron hacerle una operación exploratoria. A él no se le dijo nada, estaba inquieto, pidió a su hija un crucifijo, pero cuando se lo llevó su padre ya no estaba consciente.
Se renunció a operarle, se perdieron las esperanzas, recibió la extremaunción y finalmente murió el 30 de abril.
El último testimonio de su hija fue: “En mi recuerdo, todo lo que sucedió con ocasión de su última enfermedad y de su muerte alcanza un episodio impresionante: la vuelta del equipaje de mi padre, que habíamos hecho embarcar a finales de marzo”.

Ignacio Buqueras y Bach

Empresario. Académico

Presidente de la ASOCIACIÓN para  la DIFUSIÓN y PROMOCIÓN del PATRIMONIO MUNDIAL de ESPAÑA. ADIPROPE

Académico Numerario de las Reales Academias de: Doctores de España, Europea de Doctores y de la Mar, y de la Diplomacia del Reino de España.

Presidente del Comité Ejecutivo del Homenaje Universal al Idioma Español -2013/2017-.


 

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