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LAUREANO BENÍTEZ GRANDE-CABALLERO

Autor de libros católicos

LAUREANO BENÍTEZ GRANDE-CABALLERO es autor de libros católicos, que pueden verse en: www.grandecaballero.com Entre sus obras, ha escrito 3 libros sobre el Padre Pío de Pietrelcina, que se pueden consultar en la web que el autor tiene sobre el Santo: www.santopadrepio.com Actualmente, se dedica a dar conferencias sobre el Padre Pío por toda España. El Padre Pío (1887-1968), es un santo mundialmente conocido porque llevó los estigmas de Cristo durante 50 años, siendo el único sacerdote estigmatizado de la historia de la Iglesia, y la persona que más tiempo llevó las llagas de Cristo. Además de los estigmas, fue portador de muchos otros dones místicos, como éxtasis, clarividencia, profecías, bilocaciones, olor de santidad y curaciones milagrosas.

Los incontables milagros que protagonizó ―y sigue protagonizando― le convierten sin lugar a dudas en el santo más prodigioso de la Iglesia, y en el más popular, ya que es el santo al que más se invoca actualmente para conseguir el favor divino. Su tumba en san Giovanni Rotondo, en el sur de Italia, es visitada por cerca de 8 millones de peregrinos, con lo cual es el segundo santuario más visitado de la Cristiandad, sólo por detrás del santuario de Guadalupe, y por delante de la mismísima Basílica de san Pedro.

Por todo el mundo hay más de 3000 Grupos de Oración del Padre Pío, movimiento fundado por él mismo, que cuentan con más de 3 millones de fieles. Esta enorme marea de peregrinos, este fenómeno de conversión de masas, único en la historia de la Iglesia, muestra a las claras que el mundo tiene hambre y sed del Dios vivo, del Dios que se encarnó en Jesús, del Jesús que sigue vivo y presente en el mundo.

El Padre Pío vino a llenar el «vacío de Dios» que sufre el mundo contemporáneo, a hacer presente al Jesús vivo y resucitado, que se manifestaba a través de él, que volvía a sangrar en sus estigmas, que volvía al Calvario en sus eucaristías, que retornaba para sanar a los enfermos, para salvar almas en el ministerio de la confesión. No fue un teólogo, ni un erudito, ni ocupó cargos de autoridad, ni tuvo títulos, ni escribió libros. Nunca salió de su convento: era un simple sacerdote que decía misa y confesaba.

Un sacerdote que practicó en grado heroico las virtudes cristianas. Pablo VI resumía la figura del santo de los estigmas con estas palabras: “¡Mirad qué fama ha tenido, qué clientela mundial ha reunido en torno a sí! ¿Por qué? ¿Quizá porque era filósofo o sabio o tenía medios a disposición?... No, sino porque decía Misa humildemente, y confesaba desde la mañana hasta la noche... ¡Era un hombre de oración y sufrimiento!”.

La clave para entender los mensajes que el padre Pío transmite el mundo de hoy, su verdadera misión en el mundo, se explica a partir de un descubrimiento importantísimo: el padre Pío llegó a convertirse en “alter christus”, es decir en otro Cristo, que se encarnó en el mundo en nuestra época para combatir el periodo más oscuro de la historia de su Iglesia. Fue un alma víctima de dimensiones prodigiosas, corredentora con Cristo, crucificada con él durante 50 años. «Era siempre Jesús, en la confesión, en el altar, conversando, en oración. Nuestros corazones no se equivocaban, viendo en ti a Jesús; por eso no se saciaban jamás de contemplarte, no podía separarse de ti (...) Afectuoso padre mío, tenía razón al decir: “estoy atormentado de almas”, porque poseía el Todo, a nuestro amabilísimo Redentor. No nos percatamos lo suficiente de que, bajo el nombre de padre Pío, se ocultaba el más hermoso de entre los hijos de los hombres, que en su inextinguible caridad quiso caminar de nuevo en medio de sus redimidos. En Palestina vivió antes de su muerte; aquí, en Italia, vivió visiblemente, al cabo de 20 siglos de su muerte» (Cleonice Morcaldi, Positio Iv, p. 214)

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